El exprimer ministro israelí Ariel Sharon ha fallecido este sábado a los 85 años, según informó su hijo Gilad, después de pasar ocho de ellos en estado vegetativo. A finales del año pasado los médicos que le tratan habían certificado un notable deterioro de su salud, con graves fallos renales e incluso una infección sanguínea. Sharon ha fallecido en el hospital de Tel Hashomer, donde estaba ingresado, en la zona metropolitana de Tel Aviv.
A su muerte ha recibido unánimes elogios por parte de la clase política israelí. Sharon tomó las riendas del partido conservador Likud de Netanyahu, y se las devolvió cuando fundó su propio partido centrista, Kadima. La retirada unánime de la franja de Gaza provocó notables desencuentros entre ambos líderes.
El legado político de Sharon, y su postrero compromiso con el abandono de las tierras palestinas, pervive con Tzipi Livni, a la que él nombró varias veces ministra, hasta concederle la importante cartera de Exteriores.
Entre los palestinos, sin embargo, el recuerdo de Sharon es infausto. De “tirano” y “criminal” le ha tildado Sami Abu Zurhi, portavoz de Hamas, el grupo islámico que controla la franja de Gaza. Muchos le consideran responsable de la muerte del presidente Yasir Arafat, y aún a día de hoy le acusan de haber ordenado su envenenamiento con polonio.
Sharon, nacido en Kfar Malal en 1928, cuando la Palestina histórica estaba bajo mandado británico, fue un fiero general con gran experiencia en la península del Sinaí y a quien se le atribuyen éxitos estratégicos que permitieron a Israel ganar la guerra contra Egipto y Siria en 1973. Fue elegido primer ministro en representación del partido Likud en 2001. Ocupó el cargo hasta que sufrió el infarto cerebral en 2006, después de haber fundado el partido centrista Kadima, que, ausente él, ganó unas elecciones pero se debilitó notablemente con los años hasta caer en la mera testimonialidad.
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